Fin a la Superliga: los clubes ingleses se marchan en bloque

Tras el anuncio del City, el resto de conjuntos de la Premier renuncian también a participar en el proyecto que tiene las horas contadas


La Superliga no será realidad. La renuncia de los seis equipos ingleses a última hora de la noche del martes 20 de abril aboca al fracaso un proyecto que había nacido solo dos días antes. Fracaso originado en una política de comunicación inexistente que alborotó a los hinchas, enfadó a las instituciones y sumió en las dudas a los jugadores. Los tres estamentos que han terminado por derribar un sueño que vuelve a ser eso, pues no se llevará a cabo y volverá a meterse en un cajón hasta dentro de muchos años.

El City marcó el camino y el resto de clubes ingleses le siguieron en su adiós a la Superliga en cuanto finalizó la reunión telemática mantenida a última hora de la noche entre todos los equipos fundadores. Cónclave que sirvió para certificar la división interna solo dos días después de haber anunciado el nacimiento del proyecto que está tocado de muerte.

«Después de escucharte a ti y al resto de la comunidad del fútbol hemos decidido abandonar el proyecto de la Superliga. Cometimos un error y pedimos perdón», explicaba el comunicado del Arsenal, que iba en la misma línea que los demás.

La Superliga no se celebrará y tiene los días contados después de que los seis clubes ingleses anunciaran que saltan en marcha del tren. Un convoy que estaba a punto de descarrilar y en el que solo viajan ya Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Juventus, Milán e Inter. Españoles e italianos, entre los que hay también varios que dudan. El resto, aunque convencidos, no podrán llevar a cabo un proyecto que no tiene sentido si no están en él todos los grandes.

A primera hora de la tarde, Chelsea y City expresaban sus primeras dudas. Crecían las conversaciones entre los clubes ingleses, presionados por la Premier y el gobierno de un activo Boris Johnson. La incertidumbre crecía, mientras los jugadores se unían y hacían comunicados conjuntos en contra de la competición, como el publicado por Henderson, capitán del Liverpool.

Manifestaciones en las calles

Al mismo tiempo, miles de aficionados se manifestaban en las calles para evitar un torneo que veían contrario a los valores clásicos del fútbol. Era la última señal, pues los dirigentes que habían diseñado la Superliga se negaban a ir en contra de sus propios aficionados.

Con la decisión tomada, solo quedaba compartirla con sus compañeros de vagón. De nada iba a servir ya el compromiso adquirido días atrás. Era ya papel mojado. A la renuncia del City se unía la del resto de clubes ingleses y a ellos se sumarán los demás, pues sin su presencia no tiene sentido un proyecto que no ha pasado de serlo.

Vence la UEFA y gana la FIFA, triunfadoras de unos días locos en los que las amenazas y el miedo pudieron al cambio y la renovación. «Han demostrado una gran inteligencia al escuchar las numerosas voces, sobre todo las de sus aficionados», reconocía Ceferin, que daba a estos clubes la bienvenida de nuevo al mundo del fútbol.

Con el proyecto hundido, las próximas horas servirán para que unos saquen pecho y para que otros traten de dejar atrás un sueño que se ha convertido en pesadilla.

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